Crónicas de un olvidado

Como cada mañana, meditaba un par de horas. Se mentalizaba, relajaba su cuerpo y dejaba la mente en blanco. Así adquirió la templanza necesaria para afrontar la difícil situación que le aturdía durante años.

Se sintió utilizado, tras tanto tiempo de cariño y ternura. Un breve golpe lo dejó paralizado. Tenía compañeros cerca, sí, pero no le aportaban nada. Él quería volver a sus manos, volver a dar y recibir amor.

Recordaba con lástima aquellos días gloriosos. Ella no quería despegarse. Lo abrazaba dormida, no paraba de hablar con sus allegados de él y siempre lo tenía en mente. Cada día le descubría algo nuevo, y ella, hipnotizada, dejaba su mirada clavada en él, olvidando el mundo a su alrededor.

Él pasaba por alto su pequeño fetiche, pues alguna vez que otra le gustaba olisquearle. Incluso vio como lo hacía con otros, pero no le importaba. Sabía que no quería nada más con los otros. Él era imprescindible para ella.

O eso creía. Hasta el fatídico día.

Con una frivolidad asombrosa, ella cerró su tapa y lo dejó en la estantería.

Ahora tiene que soportar ver como ella lee otros libros, y lleno de polvo, espera a que se olvide de él para volver a dar amor.

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